Ésta es la historia de un hombre que tenía una enfermedad muy dura, e incurable, según decían los especialistas. Todo había empezado con un malestar general, pero se fue empeorando hasta convertirse en una enfermedad que no lo dejaba casi caminar.
Había visitado todo tipo de médicos, especialistas, curanderos, en búsqueda de la cura de su enfermedad. Probó cada uno de los remedios, ungüentos, y medicamentos que le dieron; pero ninguno funcionaba. Digamos que las molestias se le iban por un tiempo, pero luego volvían. Se sentía mal, sin fuerzas.
Hasta que un día tuvo un sueño. Soñó que existía un sabio que lo podía curar. Este sabio vivía en un bosque muy lejano (como casi todos los sabios); el cual él tenía que recorrer si quería curarse.
Después de valorar el esfuerzo; pensar en las posibilidades y dejar de pensar en todos los inconvenientes, decidió caminar, era su última oportunidad.
El camino era duro, debería llevar muy poca comida tendría que comer lo que el bosque le pudiera ofrecer. Tampoco podía utilizar ningún medio de transporte, así que simplemente caminó.
Con las dudas típicas de cualquier ser humano que deja su salud en manos de otro, solamente imaginaba qué le iba a decir. Qué le haría tomar, recordaba cada uno de aquellos remedios que le hicieron probar, a cuál más asqueroso.
Sus pensamientos eran sus compañeros de viaje.
Hasta que un día llegó.... Golpeó la puerta de la casa, esta se abrió y entró.
En la casa estaba un señor mayor, cocinando, que nada más verlo sonrió de oreja a oreja. Le dió la bienvenida y le preguntó por su camino.
Admirado por la cantidad de arrugas del anciano y su felicidad, nuestro hombre simplemente sonrió y confió.
- He venido a que me de la cura a mi enfermedad.
- Lo siento, dijo el anciano, yo no tengo la cura.
- ¿Cómo? He recorrido un bosque entero, caminando durante días, he dejado mi casa para encontrarte ¿y me dices que no me puedes curar?
- Lo siento, solamente tú te puedes curar. Tienes la capacidad innata de curarte. Yo sólo podría guiarte, pero jamás curarte. Tú tienes la última palabra, tú decides.
- ¿Yo me puedo curar? ¿Cómo? Si ni sé como funciona mi cuerpo
- Comienza por observar. Observa tu día a día; tus hábitos, tus actividades cotidianas, en qué inviertes energía, qué comes, cómo piensas, a qué le tienes miedo, qué te gustaría realizar y no realizas. Escucha a tu cuerpo. Si lo que realizas te aporta felicidad, sigue haciéndolo, si, en cambio, te da malestar, deja de hacerlo.
- Pero eso es difícil
- Es difícil, pero no imposible. Recuerda que tu obligación es ser feliz, has venido a eso. Y si no lo eres te enfermarás. Así funciona, así de simple.
- Ser feliz, así de simple...
Continuará?
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