martes, 19 de agosto de 2014

Mi meta es el camino...



Después de imaginar como llegaría; ponerme nerviosa antes de salir; preparar todo para que no me falte nada; correr para llegar; me di cuenta que la meta no es más que el broche final, simplemente eso. 
De la meta no se aprende, en la meta no se valora, la meta no te pone al límite; todo eso lo hace el camino.

El camino es el verdadero maestro. En el camino es dónde encuentras los obstáculos, dónde te cansas y descansas, dónde aparecen más personas, que quizás no tengan la misma meta, pero aún así, comparten el camino; dónde puedes aprender constantemente.

El camino ha de ser la meta siempre. Y la meta simplemente un símbolo, algo pasajero e, incluso, variable.

Lamentablemente, para llegar conclusión tendrás que haber creído en la meta como "meta" varias veces. 

Las suficientes como para darte cuenta que llegar no significa nada. Simplemente un espacio-tiempo para que te propongas otra meta.

Y, lo más triste, es que este superpoder (el de centrar nuestra atención en el futuro) no es innato. 
Todos y cada uno de nosotros hemos nacido con la capacidad de admirar el camino. 
Frenar cuando algo nos llama la atención, volver a aspirar si el aroma que sentimos es agradable, tocar suavemente aquello que nos atrae, cerrar los ojos y emocionarnos al sentir la brisa en nuestra piel...
Y todo esto lo hacíamos sin pensar, simplemente lo hacíamos...

Me pregunto qué ha pasado. ¿Por qué nos entrenan para ser competitivos?

¿Por qué dejamos de hacer lo que nos gusta para seguir siendo lo que esperan de nosotros?

Por suerte, la última palabra siempre la tenemos nosotros...libre albedrío, recuerdas?

No hay comentarios:

Publicar un comentario