Recordaba el momento de la decisión, cada detalle de aquella discusión que hizo que me replanteara todo.
Hasta ese día había sentido mucho miedo; "¿qué pasaría?" "¿lograré superarlo?". Pero, a diferencia de otras veces, ésta vez sentía que el miedo se iba y daba lugar al coraje. Un coraje que me empujó salir.
Eran las 6:00, mi mano abría la puerta.
Había pasado toda la noche llorando, había sido una noche muy oscura. Creo que nunca había sentido tanto dolor.
Un dolor que, al sentir la brisa mientras caminaba sin rumbo, se iba transformando en alegría.
No sabía a dónde ir. Miré alrededor y ví árboles.
En ese momento, recordé la historia que me contaba mi abuelo de pequeña; explicaba que en ese bosque habitaba un sabio.
Un sabio que no se había dejado corromper por los valores vacíos de la sociedad. El sabio, según lo que decía el abuelo, conocía la verdad y la trasmitía sin palabras; se comunicaba con árboles, animales y elementos solamente con la intención.
La leyenda contaba que quién lograra encontrarlo sería ayudado para encontrar su camino.
Así que corrí hacia el bosque. Con la esperanza de encontrarlo.
Después de unas horas, comencé a dudar. Dudaba lograr sobrevivir. Nunca había pasado una situación parecida, nunca había estado sola y menos en un medio tan "salvaje".
Mi mente empezó a dar vueltas, pensamientos venían y se iban. No callaba.
Comencé a llorar.
Lloraba por todo y por nada a la vez. Me sentía sola y acompañada, asustada y fuerte.
Era como si supiera que debía hacer lo que estaba haciendo, pero, cómo si algo se resistiera.
Esa sensación me duro varios días. Durante las noches se intensificaba, y al amanecer disminuía.
Las provisiones se acababan y sentía hambre.
Hasta que un día ya no dudé.
Sabía que debía seguir.
Sabía que todo iba a ir bien.
Y, a pesar de no saber en qué, confiaba ciegamente.
Me sentía arropada por los árboles.
Podía sentir la presencia los animales; me daban la bienvenida con cada paso.
El viento me susurraba, tocaba mi piel; hacía que me sintiera libre.
Era imposible sentir miedo, el entorno me protegía. El bosque me daba calma.
El bosque había dejado que viviera mis peores pesadillas, y también mi despertar.
De repente lo había entendido, el sabio era el propio camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario