Decidí prestarle atención a mi cuerpo.
Escuchar mi intuición.
Observar mis pensamientos.
Al principio dudaba, y ¿si me equivocaba?; luego lo vi claro: no existen las equivocaciones, todos son experiencias. No hay nada malo, ni nada bueno, todo es aprendizaje.
Así que hice oído sordos a todo lo que me rodeaba, apagué la tele, y me fui a caminar por el bosque.
Había oído por ahí que el silencio era buen compañero, tenían razón.
Aunque, es buen compañero cuando uno tiene la consciencia tranquila.
El silencio es un gran espejo con el poder de aumentar todo aquello que se le entrega.
Por eso uno tiene que ir tranquilo, sin miedos ni dudas.
Y cuando lo encuentras, justo en ese momento, te das cuenta que siempre estuvo contigo.
Nunca te abandonó, solamente tenía que encontrar el momento de escucharlo.
Y me devolvió la paz que le entregué. Y me dejó llorar. No me juzgó. Ni me preguntó qué me pasaba. Me abrazó y respetó mi momento.
Me descargué. Y cuando me fui no me despidió, se vino conmigo.
"Cuando ves lo que somos y lo que representa la vida, sólo el silencio es grande, todo lo demás es debilidad." Alfred Victor de Vigny
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