Y me dijo: "Siempre voy muy rápido, no me paro en los detalles. No se si está mal o bien, pero no me siento a gusto"
Respiré hondo y le conté esta historia:
"Había una vez un chico como tú. Su nombre era Juan, y tenía unos 29 años. Ni muy alto ni muy bajo, atractivo pero que podía pasar desapercibido. Inteligente, pero cabezón.
Juan trabajaba para una empresa muy importante; y esta vez le habían encargado uno de esos trabajos que ponen nerviosos a cualquiera. Había fecha límite y unos mínimos que cumplir.
Juan estaba nervioso, muy nervioso.
El trabajo consistía en viajar a una ciudad cercana, hablar con unos clientes y convencerlos de que firmaran un proyecto. Juan debería utilizar todas sus herramientas para traerse de vuelta el proyecto firmado.
Él sabia que era un buen proyecto, y que nadie saldría perjudicado; pero también sabía que uno de sus competidores era un excelente comunicador.
Con todos estos pensamientos esto en su mente se dirigió a la estación.
No podía concentrarse en nada, su mente iba por libre. Llegó casi inconscientemente a la estación.
Se subió a un tren. Miró el reloj, 10:45, "voy con tiempo"- pensó; bajó la cortina de la ventana contigua, se puso los cascos y se centró en el dossier que tenía.
Pasado un rato volvió a mirar el reloj: 10:58.
- ¿Por qué parada vamos caballero?, preguntó a su acompañante.
- Todavía no hemos salido de la estación inicial
- ¡¿Qué?!
Juan se quitó los cascos y observó a su alrededor. Podía ver que su acompañante tenía razón; pero, ¿cómo él no se había dado cuenta?
Apartó el dossier y comenzó a observar como el panel que avisaba las paradas no paraba de repetir las mismas. A pesar de que el tren se moviera, daba la sensación de que el tren iba en círculos. O que estuviera atrapado en un bucle.
Notó que su respiración estaba igual de acelerada que al principio, sus manos igual de frías y sudadas, y esa taquicardia no se reducía.
Entonces, Juan, tomó una decisión: "voy a vivir el ahora", se dijo. No sabía bien bien de dónde había sacado esa idea, pero le vino a su cabeza.
Guardó el dossier en su maletín, guardó el teléfono y levantó la cortina.
Comenzó a respirar con consciencia. Notaba como iba tomando el control de su alrededor.
Se dió cuenta que cuanto más consciente estaba el tren más avanzaba. En el panel comenzaban a aparecer paradas nuevas.
Al mirar por la ventana, era capaz de admirar la belleza del entorno. Los colores parecen más vivos, el brillo del cielo era espectacular.
Sus manos volvían a la normalidad y su corazón respondía a ese estado.
En ese momento, el acompañante le dijo: "Al tomar consciencia de ti, de tus pensamientos, has logrado salir del bucle; el tren, como la vida, avanza a su destino. Llegarás en el momento justo allí donde debas llegar. Así que ahora deja de pre-ocuparte y admira el paisaje. Que tenga buen viaje. Yo me bajo aquí"
Juan sonrió y agradeció el mensaje.
Un sonido familiar le hizo abrir los ojos. El aroma a café lo terminó de despertar...."
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