Cuando era pequeña todo lo veía gigante. Los árboles, los parques, las casas... Y no sólo los objetos, también me pasaba con los adultos. No me refiero a su tamaño, que también, sino a sus capacidades. Creían que eran todopoderosos, héroes, capaces de saber cada una de las respuestas a mis preguntas.
Y también recuerdo el día que me di cuenta de no eran tan grandes...
Me invadió una sensación extraña, nueva para mi, entre desilusión y despertar. Como cuando te das cuenta de que los Reyes Magos son los padres. Ya no hay marcha atrás. Hay una parte de ti que se niega a aceptarlo, pero otra sabe que esa es la verdad. Es una verdad que duele, que no gusta. Prefería vivir en el sueño. Y sin quererlo has dado el paso. Tu perspectiva ha cambiado.
Hoy, con 29 años, me pregunto que otras cosas me "creí" que no son verdad. Seguramente hay muchas más. Y, seguramente, ya las intuyo...
Por eso, hace unos años, comencé el camino arduo de poner a prueba las ideas, poner a prueba mis conocimientos. No es un trabajo atractivo, es mas bien molesto. Creo que la dificultad máxima radica en que la herramienta que utilizas para llegar a la verdad es la misma que utilizaste para aceptar el error: la Mente.
La Mente, la gran desconocida, capaz de crear la realidad donde vives, generarte miedos, modificar situaciones para tu beneficio; y sacarte de aquí.
"Si no lo puedes comprobar no existe" dice la Mente. "Necesito pruebas".
Menos mal que ya no confío ciegamente en ella. Sino en algo que no puedo describir, que me da una seguridad incondicional.
Aunque... pensándolo bien, podría ser un recurso más de mi Mente ;)
Libros recomendados:
- 1985, Orwell.
- 1Q85 Haruki Murakami
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