Ya no te juzgo.
Porque entendí que yo en tu lugar haría lo mismo.
Si yo hubiera tenido las mismas experiencias, me hubieran inculcado las mismas creencias e ideas; seguramente hubiera reaccionado de igual forma.
Me dí cuenta que todos tenemos buenas intenciones, pero no siempre las cosas salen como queremos. Incluso, lo que para mi puede ser un "buen resultado" para ti puede que no lo sea.
Entendí que los valores son nuestros parámetros para medir las experiencias y para valorar (valga la redundancia) como positiva o negativa la experiencia o la forma de actuar; pero que esos valores no siempre son iguales para todos.
Aprendí a escuchar a mi corazón, y el me enseña a no juzgar. Porque, a pesar de que para mi mente es algo atractivo echar la culpa fuera, o criticar al resto, el regusto amargo que me queda dentro me indica que no es algo bueno.
Simplemente he practicado el "¿te gustaría que te lo hicieran a ti?", y me di cuenta que no.
Me di cuenta que a mi no me gusta que me juzguen, no me gusta que me critiquen. Si a alguien no le gusta o le ofende lo que estoy haciendo me gusta que venga y me lo diga. Que me pregunte por qué lo estoy haciendo. No me guste que me encasillen o que den cosas por sentado cuando ni siquiera me conocen.
Por eso he empezado por mi.
Ya no te juzgo, te acepto. Y simplemente aprendo de ti.
No me olvido, sé que eres mi reflejo.
Ya no me juzgo, me acepto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario