- ¿Cómo estás tan seguro de que no existe?
- Porque no lo puedo ver, no lo puedo oír, no lo puedo tocar.
- Déjame que te lea este fragmento de "El libro Tibetano de la Vida y de la Muerte":
"...Nuestra mente está confusa, acosada por la duda. A veces pienso que la duda es un obstáculo para la evolución humana, incluso mayor que el deseo y el aferramiento. Nuestra sociedad fomenta la inteligencia en lugar de la sabiduría y celebra los aspectos más superficiales, hostiles e inútiles de esa inteligencia. Nos hemos vuelto tan falsamente "refinados" y neuróticos que tomamos la propia duda por verdad...."
- Yo creo que está bien dudar. No podemos creernos todo.
- Existen dos tipos de dudas: la duda generosa y abierta necesaria para poner a prueba y demostrar el valor de las enseñanzas y luego la otra, la destructiva, que no nos deja nada en que creer, nada que esperar y nada por lo cual vivir.
- Pero, ¿cómo saber cuándo dudar y cuando no?
- Pon en marcha tu intuición, tu valentía y entrenamiento. Utiliza la "duda noble". Esta clase de duda noble nos estimula, nos inspira, nos pone a prueba, nos hace más auténticos, nos da poder y nos atrae cada vez más hacia el interior del elevado campo de la energía de la verdad.
- Lo veo díficil.
- No dije que fuera fácil. Pero piensa que cuando escuchas la verdad, ésta resuena en ti. Como si tu cuerpo, tu mente, todo tu ser te dijeran: "Si! eso lo reconocemos!"
Escucha tu interior. Sabes perfectamente que ahí se encuentra tu sabiduría. Esa que utiliza esa vocesita para indicarte el camino; ese el cual a veces dudas tomar, pero finalmente acabas por escoger.
Utiliza el discernimiento antes de rechazar o de aceptar alguna enseñanza.
Ábrete a la vida! Experimenta tu existencia.
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